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VELOCIDAD DE ESCAPE

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2013-07-03

BRUCE, de Peter Ames Carlin



Todo tiene su tiempo. Todo pasa y todo llega, como dice el adagio ¿bíblico?.
Ahora, visto con el tiempo, queda claro que no es para mí lo mismo Bruce Springsteen que lo que era hace unos años. De escucharlo prácticamente todos los días, a llevar meses sin poner un disco suyo. Estos últimos años mis gustos derivados más hacia el Black, Doom y Gothic.

Y haciendo memoria de mi actual desapego descubro gracias al libro de Carlin que dicho desapego tiene razones, al menos una de las cuales está basada al menos en la deriva que la obra del boss tomó en unos años concretos.

En mi opinión, poco se puede salvar tras su álbum "Nebraska". Quizás "Born in The USA" (tras discutir bastante), y alguna canción suelta del "Tunnel of Love". Los primeros discos de Bruce, entregados con cuentagotas, uno cada varios años de espera (hasta 3 años hay que esperar entre alguna de sus primeras obras) condensan una pasión, tanto de contenidos como de letras, que no tienen parangón con ninguna de sus obras posteriores.

Con la lectura del libro de Carlin descubro que por aquel entonces, tras publicar Nebrasca, Bruce cae en una depresión, de la que solamente logra mantenerse a flote con un tratamiento psicológico que aún hoy recibe, me imagino que ya por hábito más que otra cosa, y gracias a unas drogas que Carlin no especifica pero que deduzco que se trata de la famosa píldora de la felicidad, el amado y odiado (a partes iguales) Prozac.

Bruce confiesa que en cuanto las pastillas comenzaron a hacerle efecto, comenzó una vorágine "creativa" que le hizo publicar discos con una mayor frecuencia. Una lástima que el nivel nunca volviera a ser el que era. En mi opinión ninguno de los discos posteriores al "Tunnel" llegan a tener ni la mitad de la fuerza y calidad que cualquiera de los anteriores. Y mucho de lo últimamente publicado en recientes años es simplemente basura.
El problema es, como dice el refrán, que la basura de un hombre es el tesoro de otro. Vamos, que ya se darían con un canto en los dientes la gran mayoría de músicos con publicar discos con la mitad de la calidad de los que publica Bruce en sus horas bajas.

Se discute mucho en psicología si existe una correlación efectiva entre el genio artístico y los trastornos del ánimo o de la personalidad. Realmente no sé que pensar, pues existen personas que sin trastorno aparente pueden crear obras de arte tan solo por sus propios talentos o sensibilidad especial, pero sí que es cierto que tiendo a pensar, que para hacer algo realmente grande, algo realmente importante, tu mente no tiene que ser normal, y dentro de esa "anormalidad" entra el sufrir de muchos y muy variados padeceres de carácter psicológico.

Es el caso de Bruce, que tanto por linea materna como paterna (especialmente su propio padre) parece conjugar y acumular todas las alteraciones que atenazan a bastantes miembros de su familia. La diferencia es que él logra encauzar esa fuerza destructiva y canalizarla a través de la música, creando algunos de los mejores discos de la historia del rock, tanto estilística como conceptualmente.
Y no vamos a hablar de sus directos, que según opinión de muchos, entre los que me incluyo, es donde todavía se puede ver aquella chispa que aun no ha perdido, lógicamente atemperada por sus casi 60 años. Todo fan que se precie atesora una buena pila de conciertos (bootlegs) de su mejor época donde literalmente se le caen a uno los palos del sombrajo con las portentosas exhibiciones de rock que se gastaba en sus buenos años. Yo mismo tengo bastantes conciertos "oficiales", de conocidos "labels" del mundillo del bootlegging, amén de unos cuantos discos duros repletos de conciertos de todas las épocas. Aunque confieso que el grueso se lo llevan los conciertos de las giras que van del año 1978 al 1982.
Si no me creen, no tienen más que escuchar el único concierto de este tipo que aparece de manera "legal" en Spotify (Live at the Main Point) del año 1975, que sin ser en mi opinión el punto álgido de sus exhibiciones en directo, pega un buen puñetazo en la mandíbula a tanto sueño de morfeo y oreja de van gogh que anda suelto por ahí timando a pobres ignorantes.

Y el resto es historia.

El libro de Carlin es comedido y no entra ni en el morbo ni en la mitomanía que suele aquejar las biografías de personajes extremadamente populares.

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