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"En el arte marcial como en la vida diaria. En la vida diaria como en un arte marcial."

Aikido

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2011-07-05

MAMPARAS CURVAS

Mi mampara es curva. En un capricho del diseño, el anterior propietario de la vivienda instaló unas puertas correderas sobre el plato de ducha, que tiene forma esférica por uno de los lados, con lo que las puertas, como requisito obligado de funcionamiento, debían mostrar una curvatura casi jactanciosa. Como afirmando al que las mirase: "¿No creías que se pudiera hacer así, verdad?"

Por aquel entonces, cuando yo pensaba que mi vida se encaminaba a una tranquila madurez (nunca creas que tu vida se encamina hacia nada sino es hacia el cambio y la sorpresa, y cuanto antes lo aprendas mejor) la mampara comenzó a mostrar síntomas de una inquietante tendencia a la incompletitud funcional. Que no se cerraba bien, vamos. Y en ocasiones era extremadamente trabajoso lograr que las dos hojas terminaran su recorrido para encontrarse en el medio. Justo en el punto de cierre.

Ella me lo mencionó en unas cuantas ocasiones, y con cierta lasitud en alguna que otra ocasión revisé los railes, los limpié, los enjaboné, y tras varios intentos, dejé por imposible algo, que en mi mente funcional y mecánica, parecía imposible que no funcionase dada su aparente sencillez. Simplemente los railes y las puertas habían llegado a una fase de no-entendimiento mutuo. Se negaban a ir juntos por el mismo camino. Como si tuviesen personalidad propia.

No era algo que me molestase demasiado. Por añadidura, yo estaba en aquellos momentos en una fase de mi vida, de aciago recuerdo, en que mi cabeza estaba en otra parte, y mi recién descubierta ansiedad psicosomática provocada por el acoso laboral al que estaba sometido, dejaba poco tiempo para las florituras del bricolaje casero.  Así que me lo tomé con cierta lasitud, como digo, y no le dí demasiada importancia.

Sin embargo, aquellas dos puertas que no cerraban, que había que forzar para que encajasen correctamente entre sí, nunca dejaron de ocupar alguno de los recovecos de mi mente. En ocasiones la imagen de aquellas puertas se me presentaba en los momentos más insospechados, mientras estaba concentrado en alguna otra tarea, y me preguntaba a mí mismo, cómo siendo yo tan hábil, hasta el punto de montar el horno y la campana extractora de mi propia cocina, había sido incapaz de arreglar algo que consistía únicamente en un carril por el que se desliza una puerta.

Ella, con su amabilidad característica, y sin hacer de ello un mundo, me lo recordaba en alguna ocasión, y yo, de nuevo con la misma lasitud que me había invadido en anteriores ocasiones, revisaba los railes, los limpiaba, los enjabonaba, y las puertas durante unos días casi volvían a funcionar con una corrección que sin embargo nunca llegó a alcanzar la de sus mejores días.

Cuando todo acabó, nuestra relación, el acoso, y los trastornos de ansiedad, tras pasar unos meses fué como si la bruma que embotaba mi mente se hubiera disipado. Un día, mientras me duchaba, descubrí la razón por la que las puertas se negaban a encajar entre sí. Lo había tenido todo el tiempo delante de los ojos pero había sido incapaz de verlo. La goma que impedía que se filtrase agua entre las dos hojas de las puertas, estaba desplazada hacia abajo y topaba con el suelo antideslizante de la ducha, haciendo trabajoso su desplazamiento por el rozamiento extra al que sometía a todo el mecanismo. Deslicé la goma hacia arriba, la encajé en su posición, y con adhesivo me aseguré de que nunca volviera a desplazarse hacia abajo.

Ahora las puertas encajan perfectamente. Las dos hojas corren a su encuentro para unirse en el punto de cierre con un entusiasmo casi adolescente, y yo me culpo de haber sido tan ciego como para no verlo.

Y no puedo dejar de pensar que aquellas puertas, de alguna manera inexplicable, en un universo de señales inadvertidas, de mensajes nunca atendidos, de síntomas ocultos, de sincronicidades junguianas, eran la metáfora perfecta de mi relación con ella.

Y ahora, cada vez que tomo una ducha, las puertas curvas de mi mampara son un recordatorio perenne de lo que tenemos delante de los ojos y no somos capaces de ver. 

Estupidiario y otras cosas | jomaweb | 1 Comentarios | Enlace


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Comentarios

1
De: Anónimo Fecha: 2012-07-10 21:11

que pesadez de lectura



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