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Aikido

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VELOCIDAD DE ESCAPE

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2007-01-29

BUMP, BUMP. (relato)

Desde hace mucho, mucho tiempo, tengo la extraña sensación de que después de todo no puedo ser más inteligente de lo que ya lo soy, de que ya he alcanzado mi techo. Evidentemente dicho todo esto sin ánimo de pedantería por mi parte. Sucede que me ocurre algo parecido a lo que se enuncia en el viejo aforismo de la psicología: si el cerebro fuese tan sencillo que pudiéramos saber cómo funciona seríamos tan tontos que no sabríamos nunca cómo trabaja y puesto que es muy complejo es tan difícil comprenderlo.

Pues algo parecido me pasa a mí: soy lo suficientemente inteligente para darme cuenta de que no soy excesivamente listo. Algo así como demasiado joven para morir pero demasiado viejo para el Rock and Roll. No atisbo por tanto a comprender cómo en mi mente se formó la suprema idea de que tú debías de ser la mujer de mi vida. A veces he llegado a pensar (de entre las dos o tres ideas que se me ocurren a la semana) que realmente todo fue una inspiración divina.

Recuerdo entre brumas a veces cómo ya de pequeño tomaba para merendar media barra de pan impregnada en vino. En la inconsciencia de lo que el alcohol podía hacerle a una mente inmadura y en proceso de formación como la mía, aquel me parecía un manjar exquisito. Evidentemente a mis neuronas no debía de parecerles así. Luego, mas adelante, iba por la vida con la inconsciencia que sólo los tontos poseen. Siempre me tocaba a mí salir en clase a la pizarra pues los demás niños, conocedores de mi absoluta inconsciencia de las consecuencias que podría acarrearme el fracaso, me empujaban a salir en su lugar. Lo que ocurre es que esa misma ausencia de miedo evitaba la ansiedad, los nervios, con lo cual siempre daba lo mejor de mí mismo, siempre alcanzaba mi techo competencial (esto me suena habérselo oído a Pujol y como es un señor inteligente debe de ser algo bueno).

Así fui disimulando de modo que incluso llegué a la universidad, evidentemente porque en la selectividad mientras los demás tenían sus cerebros atenazados por el miedo, yo, en mi bendita estupidez me lo tomé como un examen más de los muchos que había padecido e incluso padecería. La universidad no fue sino un paso más en mi fulgurante carrera hacia la nada. De nuevo me tocó a mí redactar ponencias, organizar congresos, exponer temas, discutir lecturas (algunas de ellas sin haberlas leído), dar conferencias públicas. Parece que mi cerebro, puesto que ha estado siempre más bien hueco, o al menos lleno de las ideas más estúpidas y peregrinas que imaginarse pueda, utilizaba el lenguaje para llenar esos insondables vacíos de modo que sin darme cuenta adapté una verborrea académica que era el gusto de catedráticos y profesores. Tanto es así que incluso en algunas asignaturas fui el primero de mi promoción. Preferentemente en aquellas que hacían referencia al funcionamiento del cerebro pues pensaba que si conocía cómo este desempeñaba su labor llegaría a saber cómo desarrollar el mío propio. Así que en psicobiología, neurología, neuroquímica no había quien me tosiera.

También me dediqué a la psicología social intentando comprender las técnicas que se utilizan en la manipulación de los demás para así poder hacerles creer que soy más inteligente de lo que parece, o al menos no quedar como un perfecto tonto, pero me temo que no funcionó porque mientras yo andaba en esas otros individuos sin duda más adaptados conseguían llevarse las matrículas que a mí me hubieran correspondido por calificaciones.

Comprenderás entonces porqué digo que la idea de que tú seas la mujer de mi vida debe de haber surgido del exterior. Debe de haberme sido inoculada de alguna manera misteriosa en mi cerebro. Todavía no logro entender cómo, pues sólo llego a vislumbrar que es la mejor idea que mi cerebro ha contenido en muchísimo tiempo.

Tiempo después, ya trabajando, (por supuesto nada de trabajo creativo o intelectual pues me descubrirían, y así soy el rey tuerto en un país de ciegos). Sucesivos golpes de diferentes materiales, que curiosamente parecen haber tomado mi cabeza como blanco de sus iras, provocan un cada vez más evidente descenso en la inconsciencia. Trato de contrarrestar esto con una lectura ávida de todo lo que llega a mis manos, sin un criterio de selección aparente, pero preferentemente de temas científicos o técnicos, pero la lectura tiene un problema: plantea el doble de interrogantes de los que contesta. Cuanto más lees más ignorante te sientes pues ves que lo que te queda todavía por conocer es aún mayor de lo que conoces. En palabras de Onetti: el universo en expansión de los libros de mi biblioteca se expande a una velocidad mucho mayor que el universo en expansión de los libros que leo, de modo que estoy empezando a tener la amarga sensación de que leyendo tampoco voy a llegar a ningún lado.

Con todo, me parece que estoy empezando a comprender algo que antes no había tenido en cuenta tan centrado como estaba en mi cerebro. Del mismo modo que los egipcios creían que el alma de un hombre estaba en su corazón estoy empezando a sospechar que la idea de que tú seas la mujer de mi vida no proviene del exterior sino –que mis neuronas me perdonen- que proviene de mi propio corazón.

Últimamente dos palabras enormes martillean en mi cerebro con el mismo acompañamiento que los latidos de mi corazón; y estas palabras son:
TE QUIERO, bump bump, TE QUIERO, bump bump,
TE QUIERO, bump bump, TE QUIERO, bump bump.......

Estupidiario y otras cosas | jomaweb | 0 Comentarios | Enlace


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